26 septiembre 2015

Consideraciones sobre el suicidio


El suicidio es delito, porque no siendo nosotros dueños de nuestra vida, tampoco lo somos de quitárnosla. Ella es un depósito que la Providencia nos confió, y que hemos de guardar hasta que Él juzgue conveniente quitárnosla. 
He aquí porque la ley no dice: no matarás a otro, sino absolutamente no matarás. Si el que mata a un hombre dice Lactancio, es criminal y malvado por arrebatar a otro la vida, ¿cómo podrá ser inocente el que se la arrebata a sí mismo, porque también mata a un hombre? Al contrario su delito es en tanto mayor, en cuanto escapa a la vindicta de las leyes humanas. Así como no venimos al mundo por nuestra voluntad, tampoco podemos dejarlo sino por orden de Dios que en él nos puso.
Sobre ser ilícito el suicidio en toda ocasión, no hay atentado más funesto para el que lo comete, pues quitándose la vida temporal, se infiere la muerte eterna. A la voz de los Padres de la Iglesia juntase para condenarle y anatematizarle la de la filosofía irreligiosa. 

Oigamos otra vez a Rousseau.

 “A ti que intentas dejar la vida, quisiera preguntarte si la empezaste. ¿Piensas haber venido a la tierra para no hacer nada? 

¿No te dio el cielo con la vida una tarea que cumplir? Enhorabuena si concluiste tu jornal antes de la noche, que reposes el resto del día, pero veamos primero tu obra: 

¿Qué responderás al Juez supremo cuando te pida cuenta de tu tiempo?

 ¡Desgraciado! Cítame el justo capaz de vanagloriarse de haber vivido lo suficiente, y de decir cómo debe haberse empleado la vida para tener derecho de dejarla.
Tu enumeras las desgracias de la humanidad y te dices: la vida es un mal; pero atiende y mira si en el orden de las cosas existen bienes algunos que no estén sembrados de males. 
Dirás tal vez que no hay bien absoluto en el universo; pero ¿puedes confundir lo que es malo de suyo o con lo que sufre el mal por accidente? La vida pasiva del hombre nada es, refiriéndose solo a un cuerpo del que pronto quedará libre; pero su vida activa y moral, que ha de influir en todo su ser, consiste en el ejercicio de la voluntad. 
La vida es un mal para el inicuo que prospera, y un bien ara el hombre honrado que gime en la desgracia; pues lo que hace buena o mala la vida no es transitoria modificación, sino su correlación con su verdadero objeto.
Tú te hastías de la vida y dices: ella es un mal; pero tarde o temprano quedarás consolado y dirás: ella es un bien. En el segundo caso hablarás con mas verdad, sin mejor raciocinio, porque lo único cambiado serás tú.
Cambia, pues desde ahora, y ya que todo el mal consiste en la mala disposición del espíritu, corrige tus afectos desordenados, y no abrases tu casa por no tener el trabajo de ponerla en orden.”

¡Que componen diez, veinte, treinta años para un ser inmortal! El placer y el llanto pasan como una sombra; 

la vida discurre en un momento, y nada vale en sí, porque todo su precio estriba en su empleo: solo el bien ejercido permanece, y este es el que da a la vida algún valor. No digas, pues, que el vivir sea para ti un mal, cuando de ti solo depende que sea un bien; y si mal  fue haber vivido, mayor motivo hay para que vivas mas. No digas tampoco que te es lícito morir, porque tanto valdría decir que te es lícito no ser hombre, que te es permitido sublevarte contra el Autor de tu ser y burlarte de tu destino.
¡Insensato imberbe! Si queda todavía en el fondo de tu corazón un residuo de virtud, ven, yo quiero enseñarte a amar la vida. Cuantas veces te dieren tentaciones de abandonarla, dite a ti mismo

Quiero hacer una obra buena antes de morir,  

y ve a buscar algún pordiosero a quien socorrer, algún desgraciado a quien consolar, algún oprimido a quien proteger: si esta consideración te detiene hoy, también te detendrá mañana, pasado mañana, toda la vida, si no te detiene,  eres un malvado.

Fuente: Catecismo de perseverancia. Por. Mons. J. Gaume, Protonotario Apostolico. Tomo IV.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Su comentario es importante para mí.
Gracias