17 abril 2014

Reflexión de Jueves santo


1. Recibid y comed, éste es mi Cuerpo (Mt.,26).

Lo primero cree con viva fe que la carne, la sangre, el alma de Cristo, su divinidad y todo lo que es Dios, está en la santísima Eucarístía, o en fuerza de las palabras, o por concomitancia.

Admira la sabiduría de Dios que halló un modo tan nuevo de comunicársenos.

Asómbrate y alaba a la omnipotencia, que en una palabra, pone todas aquellas cosas debajo de las especies de pan y vino.

Reconoce el infinito amor con que esto hace. Como el Padre amó de tal modo al mundo, que le dió a su unigénito Hijo, de la misma suerte el Hijo así nos amó, que se nos dió a sí mismo para estar con nosotros hasta que se acabe el mundo.

¡Oh admirable y amable Dios! - ¡Cuán gran beneficio es para ti, oh hombre desconocido, el haberte tenido presente para hacerse hombre por ti! Pero ¡cuánto mayor es el que venga a ti como si viniere de nuevo al mundo, trayendo consigo todas las cosas que trajo entonces a él!
¡Qué volverás, en retorno, a tal Señor!

2. El Señor Jesús, en la noche en que era entregado, tomando el pan, etc. (1 Cor. 11)

Considera el tiempo de esta institución. Era aquel mismo en que se ponían asechanzas a su vida, en que hervía contra Él el odio de los judíos. Así las aguas de las persecusiones no pudieron apagar el fuego de su caridad. Así también nos ama cuando somos sus enemigos. En fin, los tormentos cercanos, la cruz, la infamia, no separaron de ti a Cristo, antes le estrecharon más por este sacramento de amor. - ¿Quién, pues nos separará de la caridad de Cristo? ¿La tribulación? ¿La angustia? ¿el hambre? etcetera. (Rom.,8)
Concluye con grande y ardiente amor: En todas estas cosas venceré por amor de Aquel que me ama.

3. Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan (Mc., 14)

Considera los convidados que tuvo; es a saber: los Apóstoles, y entre ellos según la sentencia más común, también Judas. ¡Oh qué diversidad de los que gustaban de este convite! Aquéllos, con el cuerpo que acompañaba a un espíritu de ardentísima devoción; éste, con el cuerpo sólo, y con el ánimo atento a la entrega de Cristo. Atiende a aquella fiera, que no se ablanda con este bocado de amor. - Y repara cómo se encadenan las maldades cuando la pasión de que se originan no se reprime con tiempo.

Fuente: P. Nicolás Avancini, S.J. Meditaciones para todos los días del año, sobre la Vida y Doctrina de Jesucristo. Sacadas de los cuatro evangelios. Editorial Apostolado de la Prensa. Madrid 1957.

2 comentarios:

  1. Anónimo11:21 p.m.

    You made me think a lot. I want to change for once and for all, and become a saint with His help. Thank you!

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  2. Gracias x su comentario : ) , como dijo un amigo que también tiene un blog católico: "Este blog estará más que justificado si puede ayudar a una persona, aunque sólo sea una, a acercarse más a Dios." Que Dios le bendiga!

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