20 abril 2014

Meditación de Domingo de Resurrección



1. Resucitó al tercer día, según las Escrituras (1 Cor., 15) A las cosas tristes se siguen las alegres. Así parece que lo dispuso Dios, que por asperezas se llegase al lugar del deleite. 

Jesucristo envío delante de la gloria de su resurrección treinta y tres años de penosa vida, y tres días de acerbísima Pasión. 

– Así pues, has de ir tu también a la gloria. Si con El mueres, con El vivirás.

2. Yo dormí y tuve un profundo sueño, y me levante (Salmo 3). Reúnese el alma de Cristo al cuerpo, para que el que había sido su compañero de la Pasión lo fuese también de la resurrección. 

En un momento desaparecen los cardenales y heridas; síguense la hermosura y la gracia; más ¿con qué gozo tan incomparable, así del cuerpo como del alma? ¿Con que afectos de amor, de agradecimiento, de parabienes, etc., de los Padres sacados del limbo? 

– Llegate a Cristo con otros tales, y para que tu gozo sea colmado, únete como miembro del cuerpo de Cristo a su alma por medio del amor.

3. Como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así hemos de andar nosotros en la vida nueva (Rom., 6) - Cogerás el fruto de la resurrección de Cristo si tomares una nueva vida; pero no entraras en vida tal si no matas al hombre viejo. 

Así como no hay entrada en la vida eterna sino por la muerte natural, así no la tendrás a una nueva y perfecta vida si con el espíritu no mortificas las obras de la carne.

Fuente: P. Nicolás Avancini, S.J. Meditaciones para todos los días del año, sobre la Vida y Doctrina de Jesucristo. Sacadas de los cuatro evangelios. Editorial Apostolado de la Prensa. Madrid 1957.

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