17 abril 2014

Agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní




1. Padre, si es posible, pase de Mí este cáeliz (Mt.,26)  Esta es la primera parte de la oración.
1º. Ora como hombre, confesando el horror de tan acerba muerte.

 2º. Y por ventura, también por el deseo de acabar cuanto antes su Pasión, como le fue revelado a Santa Catalina de Sena.

3º. Acaso no pide que pase de Él solo aquel cáliz, sino, como dice San Hilario (1): Que el cáliz que se acerca a Él pase a otros también, para que como Él le bebe, así le beban otros. – Juzga, pues que Cristo te le ofrece. Di confiadamente: Recibiré el cáliz de la salud. Y porque, aunque el espíritu está pronto, la carne es flaca, añade: E invocaré el nombre del Señor (Salmo 115)
2. Pero no sea como Yo quiero, sino como Tú.
Esta es otra parte de la oración.

1º. Si pidió como hombre ser libre de la muerte, lo pidió ineficazmente; y ahora, por la voluntad racional, sometida a la voluntad divina, corrige la natural.

2º. Si pidió por el amor de padecer cuanto antes, aun en esto se resigna.

3º. Si, finalmente para que otros también gusten de aquel cáliz, remite al Padre los que hayan de ser y la medida que de él les ha de dar. – Aprende a corregir con la razón la inclinación natural de tu apetito. Aprende a dejarte en todas las cosas en la voluntad divina.
3. Retiróse otra vez, y oró la tercera, diciendo las mismas palabras.
 1º. Interrumpe dos veces la oración por el cuidado de los discípulos, que dormían a la vista de su peligro, para exhortarlos a la oración y a buscar el remedio de la pusilanimidad que habían de tener. Alterna el ejercicio de la oración y de la caridad. – Así lo haz de hacer tu. Luego que tratares con los hombres, vuélvete a Dios. Alguna vez se ha de dejar la oración vuélvete a Dios. Alguna vez se ha de dejar la oración por socorrer al prójimo. Las obras de caridad son más excelentes que las de piedad.

2º. Ora, diciendo lo mismo tercera vez. – No es inútil ni estéril la oración en que repites muchas veces los mismos afectos.

Agonía y sudor de sangre


1. Y puesto en agonía, oraba más prolijamente. (Mateo, 26)

Era ésta una lucha que tenía la parte inferior de la humanidad con la superior, que absolutamente quería y se decretaba a sí misma la muerte.  - Aprende de aquí a luchar siempre con la razón y hombre superior contra inferior, y a negarte aquellas cosas que son propias de lo sensual, y a querer aquellas que sólo dicta la razón. Y esto no lo haz de hacer flojamente, sino, si es necesario, con agonía. - Aprende también a insistir más en la oración, cuando eres más tentado, para que te ayude Dios a vencer.

2. Y se hizo su sudor como gotas de sangre, que corría hasta la tierra (Lc., 22). ¡A qué llegó por mi causa Dios! A ser digno de lástima.

1o. Enfermedad es mía, y para ser yo curado, suda el médico. "Clamaba la tierra de mi alma venganza por mis pecados, ni yo podía esperar otra cosa. Rocíala Jesús con la sangre de su clemencia para que clame misericordia" - ¡Misericordia Dios mío!

 2o. Había plantado a mi alma como viña suya escogida; más porque se hizo estéril, la riega con su sangre. - ¡Oh cuánto me amaste, Dios mío! ¡Qué mal que te retorno! Tú derramas la sangre, y yo, ¿te negaré mi sudor?

3. Se le apareció un ángel del Cielo, confortándole.

1o. Este es el efecto de una prolongada oración.  - Si estás afligido, persevera en orar, y Dios te enviará como a un ángel la interior consolación.

2o. Consólabale, no instruyendole, sino alabando su fortaleza, sabiduría y obediencia para con su Padre, su caridad para con los hombres, la gloria que de su Pasión había de redundar a Dios, la alegría que habían de tener los ángeles, etc. ¡Y con cuánta humildad recibe esto el Creador de la criatura! - Aprende a consolar a los afligidos aún con alabanzas. Aprende a no despreciar con soberbia los obsequios de los menores.


Fuente: P. Nicolás Avancini, S.J. Meditaciones para todos los días del año, sobre la Vida y Doctrina de Jesucristo. Sacadas de los cuatro evangelios. Editorial Apostolado de la Prensa. Madrid 1957.

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