21 noviembre 2013

Tener caracter para ser verdaderos soldados de Dios

¿Qué pensamos cuando decimos de alguien que es una persona de carácter?

Con la palabra carácter entendemos la adaptación de la voluntad del hombre en una dirección justa; y persona de carácter es aquel que tiene principios nobles y permanece firme en ellos, aun cuando esta perseverancia fiel le exija sacrificios.

En cambio, es de carácter inestable, de poca garantía, débil o en último término, hombre sin carácter quien, contra la voz de la propia conciencia, cambia sus principios según las circunstancias, según los amigos, etc., y hace traición a sus ideales desde el momento en que por ellos tenga que sufrir lo más mínimo.

Con esto ya puedes ir vislumbrando en qué consiste la educación del carácter.

Primero tendrás que adquirir ideales y principios; después, tendrás que acostumbrarte a su ejercicio continuo, a obrar según tus nobles ideales en cualquier circunstancia de la vida. La vida del hombre sin principios sólidos está toda ella expuesta a continuas sacudidas y es como la caña azotada por la tempestad. Hoy obra de un modo, mañana se deja llevar por otro parecer. Antes de todo, pues, pongamos principios firmes en nuestro interior; después, adquiramos la fuerza requerida para seguir siempre lo que consideramos justo y recto.

¿Cuál es, por ejemplo, uno de principios en el estudio? «He de estudiar con diligencia constante, porque he de desarrollar, según la voluntad de Dios, las dotes que me fueron dadas?» ¿Cuál es el principio justo respecto a mis compañeros? «Lo que deseo que me hagan a mí he de hacerlo yo también a los otros.» Y así sucesivamente. En todo has de tener principios rectos y justos.

El segundo deber, ya más difícil, es seguir estos principios justos; es decir, forjar tu carácter. Y éste, cómo hemos dicho no se da gratis, sino que hemos de alcanzarlo mediante una lucha tenaz, de años y decenas de años.

El ambiente, cualidades heredadas, buenas o malas, pueden ejercer influencia sobre tu carácter; pero, en resumidas cuentas, el carácter será obra personal tuya, el resultado de tu trabajo formativo.

¿Sabes en qué consiste la educación? En inclinar la voluntad del hombre de suerte que en cualquier circunstancia se decida a seguir sin titubeos y con alegría el bien.

¿Sabes que es el carácter? Un modo de obrar siempre consecuente con los principios firmes que se tienen. Implica, por tanto, constancia de la voluntad para alcanzar el ideal reconocido como verdadero; es decir, perseverancia en plasmar ese noble concepto de la vida.

Lo que resulta difícil no es tanto formular estos rectos principios firmes para la vida, lo cual se consigue con relativa facilidad, sino el persistir en ellos a través de todos los obstáculos. «Es uno de mis principios y me mantengo en él, cueste lo que cueste.» Y como esa firmeza exige tantos sacrificios, por eso hay tan pocos hombres de carácter entre nosotros.

No ser veleta, no empezar a cada momento algo nuevo; fijarse el objetivo y perseguirlo hasta el fin. Guardar siempre fidelidad a los propios principios, perseverar siempre en la verdad... ¿Quién no se entusiasma con tales pensamientos?
¡Si no costase tanto llevarlo a la práctica! ¡Si no se esfumase con tanta facilidad bajo la influencia contraria de los amigos, de la moda, del ambiente y de mi propio «yo», egoísta y comodón!

Del libro "El joven de caracter" de Mons. Tihamer Toth

4 comentarios:

  1. hola visito nuevamente su blog, muchísimas bendiciones.
    mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com

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  2. Gracias por su visita. Dios le bendiga

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  3. Gracias por sus palabras .

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  4. Gracias por sus palabras .

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