10 agosto 2013

Es necesario tener buen ánimo

"La luz, aunque deseable y hermosa a nuestros ojos, los deslumbra sin embargo cuando han permanecido mucho tiempo en las tinieblas, y antes de que una persona se acostumbre al trato de los habitantes de una región, por corteses y amables que sean, se encuentra extraño entre ellos.

Podrá ocurrir muy bien, querida alma, que con este cambio de vida, se produzcan muchas turbaciones en tu interior y que este grande y general adiós, que has dado a las locuras y a las bagatelas del mundo, te cause algún sentimiento de tristeza y de desaliento. 

Si esto ocurre, te ruego que tengas un poco de paciencia, pues no será nada; no es más que un poco de extrañeza que te causa la novedad; después recibirás diez mil consolaciones.
Quizás, al principio, te dolerá dejar la gloria que los locos y los burlones te daban en tus frivolidades; pero, ¡ah!, ¿quieres perder la gloria eterna que Dios te dará de verdad?

Las vanas diversiones y los vanos pasatiempos, en los cuales has empleado tus años, todavía se ofrecerán a tu corazón, para tentarle e inclinarle a su lado; mas ¿tendrás valor para renunciar a aquella eternidad bienaventurada por tan engañadoras ligerezas?

Créeme, si perseveras, no tardarás en recibir en tu corazón dulzuras tan deliciosas y agradables, que confesarás que el mundo no tiene sino hiel, en comparación de esta miel, y que un solo día de devoción vale más que mil años de vida mundana.

Pero tú ves que la montaña de la perfección cristiana es muy alta. «¡Ah, Dios mío! -dices para tus adentros ¿cómo podré subir?» ¡Ánimo, Alma! Cuando las abejitas comienzan a tomar forma, se las llama ninfas, y entonces aun no saben volar por las llores, ni por las montañas, ni por las colinas cercanas, para recoger la miel; pero, poco a poco, nutriéndose de la miel que les han preparado sus madres, estas pequeñas ninfas toman alas y se robustecen, de suerte que después vuelan, buscando por toda la comarca.

Es cierto que nosotros somos todavía pequeñas ninfas de la devoción, y que no podríamos subir según nuestras aspiraciones, las cuales no son otras, nada menos, que alcanzar la cima de la perfección; pero, si comenzarnos a tomar forma con nuestros deseos y propósitos, comenzarán a salirnos las alas.

Hemos de confiar en que, algún día, llegaremos a ser abejas espirituales y que volaremos. Entre tanto, vivamos de la miel de tantas enseñanzas que nos han dejado los antiguos devotos, y pidamos a Dios que nos dé alas como de paloma, para que, no solamente podamos volar durante la vida presente, sino también descansar en la eternidad de la vida venidera."

San Francisco de Sales. La Filotea.

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