24 junio 2013

Luchar contra la avaricia


"Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de Dios" (Mat. 5,3)

AVARICIA

Es Inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones. Está prohibido por el noveno y décimo mandamiento. (Catecismo de la Iglesia Católica #2514, 2534)

Consiste en tener como máxima prioridad en la vida el conseguir y mantener dinero, propiedades, y demás.

Hay que ser prudentes y previsivos con respecto de los bienes materiales. Pero la avaricia sobrepasa la precaución y la prudencia.

La prudencia nos lleva a buscar tener lo suficiente para llevar una vida sin excesos. La avaricia nos lleva a buscar tener demasiado. Y en esa actitud puede llegar hasta el robo para obtener el exceso de bienes que desea.

La avaricia es un deseo enfermizo, de cualquier cosa, no sólo de dinero. El avaro también es egoísta, por lo que se niega a ayudar en las necesidades del prójimo, no le gusta compartir y no practica la solidaridad.

La avaricia es muy frecuente en nuestros días. Pero sucede que está tan a la vista, que no se nota, pues nos parece de lo más natural.

¿No es avaricia querer tener el mejor automóvil, el mejor reloj, el último celular y blackberry, etc?

Contra AVARICIA - GENEROSIDAD

Para luchar contra la avaricia lo primero que se requiere la templanza en el uso de los bienes materiales: el evitar el exceso y el lujo, controlar cantidad y calidad de los bienes que adquiramos.

La templanza con respecto de los bienes materiales también exige que seamos desapegados de ellos.

La virtud opuesta a la avaricia es la generosidad. El practicar la generosidad nos ayuda a evitar la avaricia.

Generosidad es la virtud que nos dispone a dar, no solamente bienes materiales, sino también de nuestro tiempo, talento y la propia vida para cumplir la voluntad de Dios, sin esperar nada en cambio en este mundo.

Maneras de combatir la avaricia:

1. Pensar en la muerte que nos separará de todo:

Con la muerte hemos de dejarlo todo.
La muerte, en suma, despoja al hombre de todos los bienes de este mundo... ¡Qué espectáculo el ver arrojar fuera de su propio palacio a un príncipe, que jamás volverá a entrar en él, y considerar que otros toman posesión de los muebles, tesoros y demás bienes del difunto!

Los servidores le dejan en la sepultura con un vestido que apenas basta para cubrirle el cuerpo. No hay ya quien le atienda ni adule, ni, tal vez, quien haga caso de su postrera voluntad.

Saladino, que conquistó en Asia muchos reinos, dispuso, al morir, que cuando llevasen su cuerpo
a enterrar le precediese un soldado llevando colgada de una lanza la túnica interior del muerto, y exclamando: «Ved aquí todo lo que lleva Saladino al sepulcro.»

Puesto en la fosa el cadáver del príncipe, deshácense sus carnes, y no queda en los restos mortales señal algu¬na que los distinga de los
demás. Contempla los sepulcrosdice San Basilio—, y no podrás distinguir quién fue el siervo ni quién el señor.En presencia de Alejandro Magno, mostrábase Dióge-nes un día buscando muy solícito alguna cosa entre varios huesos humanos. «¿Qué buscas?»—preguntó Alejandro con curiosidad—. «Estoy buscando—respondió Diógenes—el cráneo del rey Filipo, tu padre, y no puedo distinguirle. Muéstramelo tú, si sabes hallarle.»

Desiguales nacen los hombres en el mundo, pero la muerte los iguala (1), dice Séneca. Y Horacio decía que la muerte iguala los cetros y las azadas (2). En suma, cuando viene la muerte, finís venit, todo se acaba y todo se deja, y de todas las cosas del mundo nada llevamos a la tumba.
 

2. Meditar en la pobreza de Nuestro Señor

"Tener los mismos sentimientos de Cristo, quien hizo de la humildad y la pobreza su estilo de vida, es el programa de vida que debe tratar de asumir todo cristiano, consideró el Papa Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles.

«Penetrar en los sentimientos de Jesús quiere decir no considerar el poder, la riqueza, el prestigio como los valores supremos de nuestra vida, pues en el fondo no responden a la sed más profunda de nuestro espíritu», aclaró.

Por el contrario, tener a Cristo como modelo de vida significa «abrir nuestro corazón al Otro, llevar con el Otro el peso de nuestra vida y abrirnos al Padre de los Cielos con sentido de obediencia y confianza, sabiendo que precisamente, si somos obedientes al Padre, seremos libres».

«Penetrar en los sentimientos de Jesús: éste debería ser el ejercicio cotidiano de la vida como cristianos», propuso el obispo de Roma al dirigirse a los 25.000 peregrinos congregados en la plaza de San Pedro.

En su intervención, continuó con la serie de meditaciones sobre los salmos y cánticos que forman parte de la Liturgia de las Vísperas, comenzada por Juan Pablo II. En esta ocasión, reflexionó sobre el cántico de «Cristo, siervo de Dios» que compuso san Pablo en su Carta a los Filipenses (2, 6-11).

En este pasaje, explicó el sucesor de Pedro, «Cristo, encarnado y humillado en la muerte más infame, la de la crucifixión, es propuesto como un modelo de vida para el cristiano. Éste, como se afirma en el contexto, debe tener "los mismos sentimientos que Cristo", sentimientos de humildad, de entrega, de desapego y de generosidad».

Fuentes:
http://www.buenanueva.net
 
San Alfonso María de Ligorio, Preparación para la muerte,
Escrito del Papa Benedicto XVI

1 comentario:

  1. Anónimo11:13 a.m.

    Para luchar contra la avaricia lo que hay que hacer es DESALENTARLA por un lado. nuestro protagonismo diario es muy grande ,ni somos conscientes, debemos despertar de esta pasividad donde por inaccion o accion permitimos minimos actos de aprovechamiento ajeno... Mi dinero que no vaya a gente explotadora, sino a gente buena.... desalentar la falta de empatia y premiar la empatia

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