26 marzo 2013

Muy importante: pedir la gracia de la perseverancia final


En nuestra vida de oración pedimos bienes espirituales, temporales (materiales) que nos son necesarios para vivir, pero no hemos de olvidar pedir algo importantísimo para la salvación de nuestra alma, que por general tal vez se nos haya pasado pedirlo en específico: la gracia de la perseverancia final.

Nos dice San Alfonso Ma. Ligorio:

La gracia de la perseverancia es aquella que nos hace alcanzar la eterna salvación. Dice San Bernardo que el cielo está prometido a los que comienzan a vivir santamente; pero que no se da sino a los que perseveran hasta el fin. Mas esta perseverancia, como enseñan los Santos Padres, sólo se otorga a los que la piden.

Por lo cual afirma Santo Tomás (3 p., q. 30, art. 5) que para entrar en la gloria se requiere continua oración, según lo que antes había dicho nuestro Salvador (Lc., 28, 1): Conviene orar siempre y no desfallecer; de aquí procede que muchos pecadores, aunque hayan sido perdonados, no perseveran en la gracia de Dios, porque después de alcanzar el perdón olvidan pedir a Dios perseverancia, sobre todo en tiempo de tentaciones, y recaen miserablemente.

Y aunque el don de la perseverancia es enteramente gratuito y no podemos merecerle con nuestras obras, podemos, sin embargo, dice el Padre Suárez, alcanzarle infaliblemente por medio de la oración, como había dicho ya San Agustín.”

“El que persevere hasta el fin, éste se salvará.” Mt., 24, 13.

“… En los cristianos no se busca el principio, sino el fin. El Señor—prosigue diciendo el Santo—no exige solamente el comienzo de la buena vida, sino su término; el fin es el que alcanzará la recompensa.

De aquí que San Lorenzo Justiniano llame a la perseverancia puerta del Cielo. Quien no hallare esa puerta no podrá entrar en la gloria.

Tú, hermano mío, que dejaste el pecado y esperas con razón que habrán sido perdonadas tus culpas, disfrutas de la amistad de Dios; pero todavía no estás en salvo ni lo estarás mientras no hayas perseverado hasta el fin (Mt., 10, 22). Empezaste la vida buena y santa. Da por ello mil veces gracias a Dios; mas advierte que, como dice San Bernardo, al que comienza se le ofrece no más el premio, y únicamente se le da al que persevera. No basta correr en el estadio, sino proseguir hasta alcanzar la corona, dice el Apóstol (1 C., 9, 24).”1

“Digamos, pues, para concluir, que, si queremos que Dios no nos abandone, hemos de pedirle a todas horas la gracia que no nos desampare: que si así lo hacemos, ciertamente que nos socorrerá siempre y no permitirá que nos separemos de El y perdamos su santo amor. Para lograr esto no hemos de pedir solamente la gracia de la perseverancia y las gracias necesarias para obtenerlas, sino que hemos de pedir de antemano también la gracia de perseverar en la oración.

Este es precisamente aquel privilegiado don que Dios prometió a sus escogidos por labios del profeta Zacarías: Derramaré sobre la casa de David y sobre los moradores de Jerusalén el espiritu de gracia y de oración. ¡Oh!, ésta sí que es gracia grande, el espíritu de oración, es decir, la gracia de orar siempre... esto sí que es puro don de Dios.

No dejemos nunca de pedir al Señor esta gracia y este espíritu de continua oración, porque, si siempre rezamos, seguramente que alcanzaremos de Dios el don de la perseverancia y todos los demás dones que deseemos, porque infaliblemente se ha de cumplir la promesa que El hizo de oir y salvar a todos los que oran. Con esta esperanza de orar siempre ya podemos creernos salvos. Así lo aseguraba San Beda, cuando escribía: Esta esperanza nos abrirá ciertamente las puertas de la santa ciudad del Paraíso.”2

Oración para pedir la perseverancia final

Oh Dios mío, que has ocultado el momento y hora de mi muerte, haz que viva santamente todos los días de mi vida, te ruego y suplico me concedas la santa perseverancia y paciencia, gracia y valor para que pueda emplear bien los medios que Tú me has dado.
Te lo pido por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo.
Amen.


1. San Alfonso Ma. Ligorio "Preparación para la muerte y la eternidad"
2. Idem. "El gran medio de la Oración"

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