22 marzo 2013

Meditación para el Viernes de Dolores


Los dolores de la Santísima Virgen y las aflicciones de nuestra vida

El Discípulo: ¡Maestro adorabilísimo! Vos, en vuestra cruz, y la dulcísima Virgen María, vuestra Madre, al pie de la cruz, formáis para los que peregrinamos por este valle de lágrimas, un símbolo de dolor resignado, ennoblecido y divinizado; ... una esperanza para todos los que gemimos y lloramos; un gran consuelo para los que no tenemos otro patrimonio que la tribulación..., yo no sé, Jesús mío, qué sería de la humanidad sin el Calvario, sin ese cuadro sangriento en el que, Vos y vuestra Madre, sois las víctimas inocentes ofrecidas en sacrificio al Dios de la justicia, ... habrá quedado, sin duda, sumergida en las horrorosas tinieblas de la ignorancia y la maldad; ... se habría inquietado hasta la desesperación; ... porque, ¿quién puede vivir tranquilo si el Dios de la justicia no ha aplacado sus enojos causados por el pecado?

Deseo, buen Maestro, que os dignéis darme en este día algunas instrucciones acerca de los dolores de vuestra amorosa Madre y de la constancia con que los sufrió, para confortarme en mis penas.

El Maestro.- Bien sabes, hijo mío, que la participación de mi Madre Inmaculada en la tremenda tragedia del Calvario, quedó consignada en la inolvidable frase del evangelista Juan: Estaba junto a la cruz de Jesús, María su Madre; ... una Madre que presencia el sacrificio de su Hijo; ... una Madre Virgen, delicada, purísima, que asistía a la agonía dolorosa del Hijo amado de su corazón, del que era su tesoro, su providencia, su felicidad, su todo; ... una Madre, la más hermosa y fuerte entre todas las madres de la tierra, que contemplaba en el suplicio al Hijo más hermoso entre todos los hijos de los hombres, el cual, siendo verdadero Dios, no juzgó bajeza el vivir sometido durante su vida mortal, a la voluntad de la humilde Doncella de Nazareth...


Ya podrás imaginar su dolor...



Medita en lo que de Ella dicen, en expresión de la Iglesia, las Santas Escrituras:

¿A quién te compararé, oh Virgen, hija de Jerusalén? ¿A quién te asemejaré?


Grande es como el mar tu desventura...


Mirad, mirad si hay dolor semejante al de esa mujer? Buscaba quien la consolara y no halló... No la llaméis Noemí, es decir, la hermosa, sino llamadla Mara, esto es, la mujer amargada, porque de amarguras la colmó el Omnipotente!... (Lament. Jer. II 13-I-12-I-17 .- Ruth I-20)

Acércate, hijo mío, acércate a mi Santa Madre y entra hasta su generoso corazón, para que te dé a conocer la grandeza de sus dolores, y aprendas en esa escuela de resignación y de paciencia, a sufrir con santa conformidad todas las penas de tu vida...


Mira cuanto sufrió.-


Era la criatura llena de gracia; no debía, pues, faltarle la del martirio... Y en efecto, padeció tanto y tan intensamente, que nada son los tormentos de todos los mártires, si se les compara con los de mi amorosísima Madre en el Calvario. Los mártires han sufrido en el cuerpo, más mi Madre en el alma...

Aquellos sufrían terribles tormentos, pero iban a unirse a su Cristo... Mi santa Madre padecía incomparablemente más y la separaban de Él...


¡Oh!, sufrió tanto, tan inmensamente, que "hasta cierto punto, dice San Buenaventura, la oveja sufrió más que el Cordero, ... lo que éste padecía en su cuerpo, aquella lo padecía en su corazón." Los clavos, las espinas y demás instrumentos con que atormentaron a tu Maestro y Redentor en su carne mortal, atravesaron el corazón inmaculado de tu Madre, conforme lo había profetizado el noble anciano Simeón: Una espada traspasará tu alma... Fue la espada de la crucifixión...


Sólo la plenitud de gracias de que la colmó el Espíritu Santo pudo hacerla resistir...

Apenas un ligero clamor resignado se escapaba, de vez en cuando, de sus labios: Hágase en mí según tu Palabra... ; (Luc. I-38), clamor que ha cruzado los siglos y que hoy llega hasta ti para decirte que aprendas a estar junto a la cruz, bajo el peso del dolor, sin inquietudes, sin desesperaciones, considerando que es mi Padre quien desde el cielo te ofrece el sufrimiento como una prueba de amora y de bondad, y no como castigo impuesto por su justicia.


Mira por qué sufrió.-


Veía con sus propios ojos y escuchaba con sus mismos oídos cuanto hacían y decían de su divino Hijo, los verdugos crueles y despiadados: la infamia de la crucifixión, las blasfemias y las imprecaciones infernales de un pueblo enfurecido... , y luego las amargas quejas de su Hijo amantísimo..., el abandono, la sed,... Agar se alejó para no ver morir a su hijo Ismael. Sólo Respha, que contempló la crucifixión de dos de sus hijos, cuyos cadáveres cuidó de día y de noche para que no los devoraran ni las aves ni las fieras, hasta que se aplacó el Señor, es figura de la santa Virgen que presenció la dolorosísima muerte de su Hijo-Dios.


Así has de amar tu, hijo mío, a tu Cristo, como me amó mi augusta Madre, como lo han amado sus santos, con todo el corazón, sufriendo por Él cuanto Él ha sufrido por ti, sintiendo en tu propio corazón, como lo sintió mi amorosa Madre, el eco de sus penas y de todas sus aflicciones... Si sabes sufrir con tu Cristo, estarás con Él en el paraíso; ... si sabes padecer con tu Redentor, con Él reinarás eternamente.


Mira como sufrió.-


Nadie como ella, mostró tanta constancia y firmeza en medio de la espantosa tragedia del Gólgota. Todas las criaturas se conmovieron; ... el sol se eclipsó, rompiéronse las rocas rasgóse el velo del templo; ... mas, la Virgen Santa permaneció serena junto a la cruz de su Jesús adorado; ... su modestia era tan incomparable que convidaba a la piedad y al fervor, ninguna palabra, ningun movimiento de su cuerpo que fuera contrario a aquella virtud, pudo notarse... De pie, llorando y con el corazón torturado, se dirigía al Señor, entonando el himno de la resignación: Hágase en mí según tu palabra...(Luc. I-38)


Advierte, cuán distinta ha sido mi fervorosa Madre, de esas almas que apenas sienten el agijón del dolor, de la enfermedad o de cualquier desgracia, prorrumpen en murmuraciones contra Dios y su providencia amorosa y paternal; ...y a las veces con palabras, con gestos y movimientos desordenados y ofensivos, claman al cielo en son de queja... Mira a María, mi dulce Madre, y aprende a sufrir con paciencia, y a recibir bien de mi Padre cuanto Él se digne mandar o permitir.... Ella le fue tan obediente que, como dice mmi siervo San Antonio, si Él le hubiera ordenado personalmente me hubiera crucificado, lo habría hecho por complacerlo, puesto que Él es el Dueño absoluto de la vida.


Imita a la amorosísima Virgen María en su resignación, y piensa en lo que sufrió, en la causa de sus dolores y en el modo como los soportó; ... toma tu cruz y sube a la Montaña santa y ahí junto a tu Madre dolorida, llora sin desesperaciones, sin inquietudes, haciendo la Voluntad de tu Dios y Señor.



Coloquio


¡Dulcísima Madre mía de los Dolores! ¡Cómo os agradezco las lágrimas, las aflicciones y las amarguras que sufristeís junto a la cruz de mi Redentor para contribuir a mi salvación...¡Cuántos ejemplos de fortaleza y resignación me habéis dejado, amorosa Madre mía! Dios quiera darme, por vuestra poderosa mediación la gracia de imitarlos...


Dame a conocer íntimamente la grandeza de vuestro Cristo adorable para resolverme a sufrir con Él y por Él; ... hacedme partícipe, Madre mía, de vuestro heroísmos para poder decir a vuestro Padre, en medio de mis grandes tribulaciones:


He aquí, Señor, a tu siervo; hágase en mí según tu palabra...


Propósito


Pasaré mi vida pensando todos los días en el Calvario; ahí veré con los ojos del espíritu a mi Jesús clavado en su cruz, y a mi santísima Madre, sufrida y resignada, al pie de la cruz, dándome lecciones de paciencia y de conformidad con la Voluntad divina..


La Virgen santa de los Dolores será mi esperanza y mi consuelo, mi aliento y mi fortaleza en tantas desventuras...


Fuente: La Reforma de la vida a los pies de Cristo Maestro. Mons. Sepulveda. Lecciones de Cuaresma y Semana Santa. Viernes de la semana de Pasión. (Viernes de Dolores) Pag.261. Imprenta Veracruz 5a Edición 1945

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