27 noviembre 2012

Buscar en todo agradar a Dios

Algunas cosas en las cuales hay que pensar para mover la voluntad a buscar, en todas las cosas, agradar a Dios

Existen unas verdades las cuales si las meditamos y recordamos, van a mover la voluntad a querer en todas nuestras acciones y en todos nuestros comportamientos, buscar que Dios quede agradado en que hacemos, que decimos y pensamos. Ellas son las siguientes:

1o Considerar cuánto ha hecho el amor de Dios por nosotros. Por ejemplo: nos creó de la nada. Nos dio un alma hecha a imagen y semejanza de Él. Nos dio dominio sobre las creaturas irracionales para que nos sirvan. Cuando estábamos en peligro de perdernos para siempre, envió a salvarnos no a un ángel, sino a su propio Hijo en persona. Y no nos rescató ni pagó el precio de nuestra liberación con oro y plata, sino con la preciosa sangre de su Santísimo Hijo. Y para que pudiéramos luchar con éxito en la vida nos dejó como alimento el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

2° Pensar que Dios vive defendiéndonos a toda hora. Dice el Salmo: "Tú guardián no duerme". No duerme ni deja un momento de vigilar el que cuida al pueblo elegido. "El Señor te protege a su sombra, está a tu derecha protegiéndote, dispuesto a defenderte de todo mal" (cf. Sal 120). Y otro salmista exclama: "Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor Dios nunca me abandonará" (cf. Sal 27). ¿Qué mejor prueba o demostración de amor nos podía dar el buen Dios? Por eso debemos amarlo intensamente.

3o Recordar cuánto nos estima nuestro Creador. Él nos puede repetir lo que dijo por el Profeta: "¿Qué más podía hacer por ti que no lo haya hecho?". Es tanta su estimación hacia cada uno de nosotros y tan grande su deseo de salvarnos y hacernos santos que nos envió desde el cielo el mejor tesoro que tenía: su propio Hijo. Y permitió que muriera en la cruz con la más ignominiosa de las muertes para que así pagara nuestras deudas a la Justicia Divina y nos consiguiera un puesto en la gloria eterna. Y este Jesús se hizo en todo semejante a nosotros, menos en el pecado. Y aprendió con el sufrimiento a comprender a los que sufrimos. Hay que honrar a los que nos honran. Esto es lo que tratan de hacer los grandes de la tierra. ¿Y quién nos ha honrado más en toda la existencia que Nuestro Señor? Nos hizo hijos suyos, hermanos de su Hijo Jesucristo, templos del Espíritu Santo y herederos del cielo. Ojalá recordemos de vez en cuando estas muestras de aprecio y cariño que Él nos ha dado para que en cambio le brindemos también amor y agradecimiento.

AMEMOS A DIOS PORQUE ÉL NOS AMÓ PRIMERO (San Juan)

Libro El Combate Espiritual Cap. XI

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