18 agosto 2012

Ajustar nuestra voluntad a la Voluntad de Dios.


"En todas las obras de San Alfonso es este uno de los pensamientos que más se repiten.

Toda la Historia de la Salvación se traduce en ese forcejeo del hombre frente a Dios, y en ese rechazar continuamente el camino que se le señala y esa es también la historia, es el campo moral-espiritual de todos y cada uno de nosotros. Fidelidad, iluminación, revelación por parte de Dios; rebeldía, rechazo de su luz, de su voluntad por parte del hombre.

Pero cuando decimos “Conformidad con la Voluntad de Dios”, no estamos abogando por un conformismo paralizante que no tiene nada que ver con la dinámica del evangelio y la vida del creyente.

Es frecuente en nuestro pueblo una postura pasiva, fatalista porque “Diosito así lo quiere”. Y así queremos hacer a Dios complice de nuestra pereza, indolencia y falta de previsión. Es la devoción que frecuentemente hay en nuestro pueblo, mal entendida, a la Divina Providencia.

Dios no desplaza a nadie. Dios un día creo todas las cosas, persiste en su acción através del dinamismo que le impuso a la naturaleza y provee misteriosamente a su conservación. Tratándose del hombre nos dio junto con la vida la libertad y mediante ella nosotros mismos somos artífices de nuestro devenir para bien o para mal. No estamos determinados por la ley del instinto, sino regidos por la voluntad y la libertad que Dios quiere que se ajusten a la suya para merecer y crecer.

Pero surge una pregunta: ¿Cuál es la voluntad de Dios sobre nosotros frente al cúmulo de vales que aflige a la humanidad? Es voluntad de Dios que logremos el perfeccionamiento integral personal y que contribuyamos al perfeccionamiento de los demás. Es voluntad de Dios que evitemos el mal moral. Dios no quiere el pecado; lo permite como una consecuencia de habernos hecho libres.

Tratandoses de males materiales, aunque tienen su raíz en el pecado, sin embargo su presencia y aceptación puede responder a la voluntad de Dios sobre nosotros. La postura del creyente ante todos esos males debe ser en un primer momento de rechazo y superación. Sería masoquista, enfermizo o sádico si buscaramos el sufrimiento o hiciéramos sufrir a los demás. La persona de Cristo nos ilumina una vez más: El en un primer momento rechaza el sufrimiento: “Padre aparta de mí este caliz”. Solo cuando ve que esa es la voluntad del Padre dice: “Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Nosotros no siempre tenemos esa revelación de su voluntad y por eso debemos superarnos, luchar, evitar la enfermedad, la pobreza, la ignorancia, la explotación y no en virtud de banderas políticas sino de nuestra misma fe, que nos manda liberarnos del pecado y de sus consecuencias.

Pero puede llegar el momento en que no hay otro camino; y vemos que esa es la voluntad de Dios: molestias que se nos presentan y no podemos evitar, achaques de la edad, muerte de un ser querido, enfermedad incurable, etc. Es entonces cuando vemos la vertiente positiva del sufrimiento a la luz de nuestra fe. Todo ello nos acerca a Dios, es medio de expiación, acrisola nuestra virtud, nos hace ganar méritos y nos une más a Cristo y a la obra de su redención.

Veneremos pues la voluntad de Dios y sus designios inescrutables:

La voluntad de Dios que no anula a la criatura.

La voluntad de Dios que no es un Dios sádico sino un Dios Padre.

La voluntad de Dios, que es nuestro Redentor y Liberador.

Conformémonos siempre con la voluntad de Dios, pero haciendo nosotros todo lo que tenemos que hacer, para que las cosas se desarrollen para nuestra felicidad, para la felicidad de los demás y ultimada y principalmente para la mayor Gloria de Dios."

Autor: Manuel García Blanco, C.SS.R.

Introducción al libro: “Conformidad con la Voluntad de Dios” de San Alfonso Ma. De Ligorio. Librería Gerardo Mayela.

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