06 abril 2012

Meditación: Cristo es azotado


1. Entonces, pues, tomo Pilatos a Jesús y le azotó. (Jn.19) Concibe la crueldad de este castigo por al complexión de cuerpo tan delicado, por el peso y puntas de los azotes, por la fiereza de los verdugos y número de los golpes. Pero excedía a todos los tormentos la confusión por la desnudez del castísimo Jesús. –Ten compasión de Cristo, deshecho y despedazado. Reconoce ser tú la causa de esto: porque: Sobre sus espaldas fabricaron los pecadores (Salmo 128). Aprende a someterte con gusto a la mano de Dios cuando te hiere, pues por ti se puso gustosamente en las manos de los sayones; y di con Él: Aparejado estoy para los azotes (Salmo 37)

2. Tomó Pilatos a Jesús, y le azotó. Pondera las principales virtudes que mostró Cristo en sus azotes. 1º. Un eximio amor nuestro, pues recibió en sí los muchos azotes del pecador (Salmo 31), que eran los que nosotros merecimos. – Prueba tú el amor que le tienes con cosas así, dolorosas y tan duras. 2º. La humildad por la vileza del castigo que era sólo propio de esclavos. Por eso dijo Isaías (53): Vímosle despreciado y el más ínfimo de los hombres. – Toma la medida a tu humildad para ver si llega a lo más bajo que puede. 3º. Una invencible fortaleza; pues como dijo San Lorenzo Justiniano, “estuvo como un gigante imperturbable” - ¡Cómo estás tú en las adversidades? Tertuliano dice (1): “Semejante paciencia no pudiera tenerla alguno de los hombres.” ¿Cómo te portas tú al leve golpe de una sola palabrilla? San Ambrosio dice (2): “Provocado con calumnias, mantuvo un triunfal silencio”. ¿Puedes acaso, tú callar también? 4º. Una alegre conformidad de su voluntad con la divina. Rompiste mi saco y me rodeaste de alegría. (Salmo 19)

3. Y le mandó azotar. Considera lo que refiere San Agustín (3) que, movido uno de los presentes de la crueldad de tal suplicio, exclamó a los demás: ¿Por ventura le queréis matar antes de sentenciarle? Y cortó las prisiones con que el Señor estaba atado a la columna y luego cayó en el suelo, envuelto en su propia sangre. –Llégate tu y recoge de su seno la sangre , para que no sea más pisada de tus pies ni de los ajenos. Y considerando tú a Jesús azotado por ti, no quieras tratar a tu cuerpo suave y delicadamente.

(1) Lib. de Pat.,3.- (2) Serm. 17 in Psalm. 118.- (3) Serm. de Pass.

Fuente: P. Nicolás Avancini, S.J. Meditaciones para todos los días del año, sobre la Vida y Doctrina de Jesucristo. Sacadas de los cuatro evangelios. Editorial Apostolado de la Prensa. Madrid 1957.

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