07 abril 2012

Contemplación de Cristo crucificado


1. ¡Oh vosotros todos los que pasáis por el camino, atended y reparar si hay dolor semejante al mío! (Tren.,1) Considera los tormentos de Cristo.
1º. En el cuerpo: Rompieron mis manos y pies, contaron todos mis huesos (Salmo 25) Desde la planta del pie hasta lo más alto de la cabeza no hay en El sanidad. (Is.,1)
2º. En el alma, por el desprecio que hicieron de Él: Fui hecho risa del pueblo, y su canción vulgar todo el día (Tren.,3) Por la infamia de la cruz en compañía de ladrones, como dijo Isaías (53): Fue reputado uno con los facinerosos. Por la falta de quien se compadeciese de Él y le consolase, como anunciaron los profetas: No hay de todos sus amados ni uno que le consuele. Todos sus amigos le despreciaron y se le convirtieron en enemigos, dijo Jeremías (Tren., 1); y David (Salmo 68): Aguardé a quien se contristase conmigo, y no hubo alguno; quien me consolase, y no le hallé. Por la ingratitud de los hombres y corto fruto de su Pasión, como se quejó por Isaías (5). ¿Qué es lo que debía hacer más por mi viña y no lo hice? Aguarde a que me diese uvas, y me dio solo agraces; y por David (Salmo 29) ¿Qué utilidad saco de mi sangre?
...
...
2. ¿Qué quieren decir estas llagas en medio de tus manos? (Zacar.,13). Pregúntale esto a tu Jesús, y oye que te responde: Con éstas fuí llagado en casa de los que me amaban. Reconoce este infinito amor por lo que dice San Agustín (1): “Repara la cabeza inclinada para darte ósculo de paz y de amor, el corazón abierto para amarte, los brazos extendidos para abrazarte, todo el cuerpo puesto patente para redimirte. Considerar que cosas tan grandiosas son estas, pesadlas en la balanza de vuestros corazones, y todos se clave en ellos el que por vosotros se fijo en la cruz. Verdaderamente nos amo y se entregó a sí mismo por nosotros” (Efes.,5) Imagina que a ti mismo se te pregunta aquello: ¿Pedro, me amas tu? Y dí con prontitud: Tú, Señor, sabes que te amo.
...
...
3. Por todos murió Cristo, para que los que viven ya no vivan para sí sino para Aquel que murió por ellos (2 Cor.,5) Este fruto has de sacar de la muerte de Cristo: No vivir para ti ni emplear acción alguna de tu vida en buscar comodidad, gusto ni honra alguna. A ti te le debes todo y todas tus cosas: No sois vuestros, porque habéis sido comprados con precio grande (1 Cor., 6) ¿Qué retornaré, pues, al Señor, por todas las cosas que me dio? (Salmo 115), dice San Bernardo (2): “En la primera obra me dio a mis mismo, en la segunda a sí, y cuando se me dio, me volvió a darme a mí mismo a mí. Por dado y vuelto a dar, me le debo a mí, y dos veces. ¿Qué le daré a Dios por habérseme dado a sí?

Fuente: P. Nicolás Avancini, S.J. Meditaciones para todos los días del año, sobre la Vida y Doctrina de Jesucristo. Sacadas de los cuatro evangelios. Editorial Apostolado de la Prensa. Madrid 1957.