21 marzo 2012

Por qué no hay que desanimarse ni desalentarse a la vista de nuestras faltas 1-3


1. Suceda lo que suceda: no desanimarse jamás.

Un hombre que estaba haciendo Ejercicios espirituales bajo la dirección de un santo Padre Jesuíta. A mitad del retiro llamaron al Padre a una reunión en Roma. Lo iban a elegir Superior General. El sabio sacerdote antes de alejarse de aquella casa de Ejercicios, le dejó al ejercitante esta única consigna: "Mi último y más importante consejo es este: suceda lo que suceda, no se desanime ni se desaliente jamás." Este debería ser como un lema para nuestros combates: todo lo demás me podrá suceder, menos el desanimarse y dejar de luchar.

La hormiga de Tamerlán

Tamerlán fue un famoso guerrero del año 1400, que empezó perdiendo muchas batallas. Un día estaba ya para dejar de luchar más, cuando vió que por una pared arriba subía una hormiguita. Con su espada la derribó hacia el suelo. La hormiga dio unas vueltas por el piso y empezó a subir otra vez pared arriba. Tamerlán la volvió a derribar y la hormiga comenzó a subir otra vez. Y así diez y quince veces. Ante esta insistencia tan ejemplar, el guerrero se dijo para sí: "¿Y por qué no insistir una vez más como esta hormiga? Y mandó dar el toque de batalla y empezar de nuevo la lucha y consiguió la victoria y llegó a tener un de los imperios más grandes del mundo. Lo que lo salvó fue no desanimarse, no dejar de luchar aunque se hayan perdido mil batallas. Para ganar la guerra lo importante no es haber sufrido derrotas sino perseverar luchando con valor hasta lograr vencer al enemigo.

Los dos enemigos mortales, según el Crisóstomo

El mejor orador de los primeros siglos, San Juan Crisóstomo, decía: "Dos enemigos mortales tiene nuestra santificación: el orgullo si no hemos caído, y la desesperación si ya caímos". Pero esta última es la más peligrosa.

San Pablo anunció: "si no perdemos la esperanza, conseguiremos la salvación" (Rom. 8,24) Aún despues de nuestras más vergonzosas caídas tenemos que acercarnos a Jesús con la confianza con la que se le acercaban las multitudes de pecadores, de pobres y enfermos en Galilea. Leer el artículo completo...

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