11 enero 2012

Amanecer en la Montaña: El don de la aridez en la oración


Otro mini libro de la Madre Angélica, acerca de los beneficios que trae al alma la aridez en la oración.(descargar haz click aqui o en la imagen)

"Una vía sagrada" Isa. 35:8

Todo cristiano que busca la santidad en la vida experimenta la aridez en su alma. Para la mayoría es una experiencia desgarradora. Es una paradoja, pues el alma se confunde cuando se da cuenta de que, entre más trate, más lejos parece estar Jesús.

¡Qué extraña es una vida espiritual que lleva a un alma al fuego sólo para hacerla sentir que se congela! Es, si nos dejamos guiar por las apariencias, una contradicción. En el mundo, entre más cercanos estemos a un amigo o un ser querido, nos sentimos más seguros y libres de peligros. Entre más profundo es el amor, mayor es el brillo que se siente en la presencia del amado y así es como crecemos en el amor de Dios. Él quiere que Le amemos "en Espíritu y en Verdad" y este tipo de amor está más allá del amor humano -tan más allá como la diferencia entre el oscilar de un cerillo y el sol al medio día.

El amor humano en todo su esplendor debe ser elevado a un nivel todavía mayor. El aire al pie de una montaña es más fácil de respirar, aun cuando no es tan puro como el aire en la cima. Para respirar ese aire puro nuestros cuerpos tendrían que adaptarse a la atmósfera del pico de la montaña. La paz y quietud y la vista desde esas Alturas bien valen la pena el esfuerzo requerido y el dolor sufrido al trepar.

Encontraríamos, sin embargo, un fenómeno durante nuestra escalada: cierta clase de soledad. Mientras más subamos, menos compañía tendremos. Llega un momento en el que todas las cosas parecen quedar atrás y nos encontramos solos. Cuando finalmente llegamos a la cima, la soledad se ha ido porque vemos las cosas de manera diferente. Vemos a nuestros anteriores acompañantes y posesiones como lo que realmente son y sin ilusiones, decepciones o apegos. En este raro aire del Amor de Dios poseemos Sabiduría, que es la Palabra de Dios: Jesús. Vemos las cosas como Él las ve porque el aliento de Su Espíritu llena nuestras almas y las colma hasta hacerlas rebosar.

Para aquellos que viven bajo el rayo de sol en el valle, nuestra vida en la punta de la montaña es insensata y solitaria, pero eso pasa sólo porque no comparten la vista. A veces bajamos de la montaña y gozamos de la luz del sol, pero pronto debemos ascender de nuevo y llenar nuestras almas con el fresco aire de Su Amor.

Ésta es una imagen borrosa de la soledad del alma y el hermoso trabajo que logra. Hay momentos en la vida cuando Dios parece estar muy cerca. El sol de Su Amor ilumina brillantemente. Nuestro corazón está exultante y nuestro ser se pierde en la alegría de su Presencia. Sin embargo, en otros momentos Su Presencia se disipa como niebla matinal y nos encontramos temblando de frío. Incluso si todo el mundo nos amara y aplaudiera todo sería como si nada, pues el sol de nuestra vida -Dios- parece haberse ido y nuestra alma no puede ser consolada mas que por Él. ..."

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