28 octubre 2011

Problema sufrimiento

Cuando una situación o problema nos parece casi desesperada podemos reflexionar sobre esto.

“Supongamos que lo que nos ataca es la impaciencia. Que nos aflige una injusta persecución, o que un trabajo nos resulta muy molesto y cansón, o un sufrimiento es muy doloroso, o que una situación se nos hace antipática y repugnante y queremos explotar en actos de impaciencia y mal humor y comenzamos a quejarnos y a protestar. En ese caso conviene pensar lo siguiente:

1. Considerar que ese mal lo merecemos por nuestros pecados, y en caso de que nos haya sucedido por nuestra culpa con mayor razón, pues tenemos que soportar la herida que nosotros mismos nos hicimos con las propias manos.

2. Si el mal no nos llegó por nuestra culpa, considerar que nos sirve para pagar pecados de la vida pasada, los que todavía no nos ha castigado la Justicia Divina y de los cuales no hemos hecho la debida penitencia. Mucho mejor pagar aquí donde ganamos méritos y gloria sufriendo, que tener que irlos a pagar en el purgatorio donde quizás las penas sean más rigurosas y con menos merecimientos. Al pensar en esto debemos recibir los sufrimientos y contrariedades no solamente con paciencia, sino con alegría y dándole gracias a Dios por ellos.

3. Recordemos cuando tenemos algo que nos hace sufrir y que nos invita a la impaciencia, que si aceptamos las penas y contrariedades de cada día estamos cumpliendo la condición que Jesús exige para poder entrar al Reino de los cielos, que es entrar por la puerta estrecha del sufrimiento y de la mortificación, y aquello que tanto recomendaba San Pablo: “Es necesario pasar por muchas tribulaciones para poder entrar en el Reino de Dios”(Hech. 14,21)

4. No olvidemos que cuanto más padecemos y más somos humillados en esta tierra tanto más nos asemejamos a Jesús cuya vida estuvo llena de padecimientos y de humillaciones. Y cuanto más seamos semejantes acá en este mundo a Jesucristo, más alto será nuestro puesto en el cielo.

5. Pero en lo que más debemos de pensar en toda ocasión en que tengamos que sufrir, es en que recibiendo con paciencia nuestros sufrimientos estamos cumpliendo la voluntad de Dios, pues El que habría podido muy bien hacer que tales padecimientos no nos llegaran, los ha permitido, y si los permite es seguramente para nuestro bien, pues lo único que desea para nosotros es nuestro mayor bien.
Aquí no lo entendemos por qué permite semejantes contrariedades, pues en esta vida vemos lo que Dios permite como quien mira una alfombra por el revés y solo observa un grupo de hilachas en desorden. Pero en la otra vida veremos la alfombra por el lado derecho y entonces sí que nos convenceremos de que todo lo que Dios permitió que nos sucediera fue una verdadera obra de arte dedicada a santificarnos y a hacernos merecedores de grandes premios y gloria en el cielo.
Cuanto con más paciencia aceptemos lo que Dios permite que nos suceda más contento tendremos a Nuestro Señor.”

Fuente: Libro "El combate espiritual" Autor: Lorenzo Scúpoli. Cap.14

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