07 febrero 2008

Necesidad de seguir a Jesús

Lucas 9, 22-25. Cuaresma. Cristo nos pide llevar la cruz con alegría, optimismo, y sobre todo por amor a Él

En aquel tiempo, dijo Jesús: El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día. Decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?


Reflexión

Un campeón olímpico no se ganó las cinco medallas de pura chiripa. Detrás de esas cinco medallas hay muchos años de esfuerzos, toda una vida de sacrificios, privaciones, renuncias. Hay miles de horas de entrenamiento y ejercicios. Todo para adquirir una fisonomía atlética. También los cristianos somos “atletas”. Corremos durante esta vida terrena para llegar a la meta eterna: el cielo. Y como cabe suponer hay que estar preparados.

Ahora, tenemos ante nuestros ojos seis semanas de preparación para la Pascua, el corazón de todo el año litúrgico. Estos cuarenta días nos pueden transformar en verdaderos atletas de Dios, alcanzando una “fisonomía atlética católica”. No perdamos la oportunidad. El evangelio de hoy nos ofrece un programa magnífico para nuestra vida de cristianos: negarnos a nosotros mismos y llevar nuestra cruz detrás de Cristo.

Y Cristo como buen entrenador pone también las condiciones necesarias para seguirle. Pero en el fondo no pide nada especial, porque la cruz, queramos o no, todos la tenemos que cargar. Cristo lo que nos pide es llevar esa cruz que todos tenemos de una forma diferente: con alegría, optimismo, y sobre todo no lo olvidemos por amor a Él.

Autor: José Noé Patiño | Fuente: Catholic.net

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