31 enero 2008

Conformidad con la voluntad de Dios

A veces es dificil aceptar la voluntad de Dios en nuestra vida, pero siempre debemos pensar, que todo lo que nos suceda en la vida, es para nuestro bien final, excepto nuestros pecados, además recordemos que "TODO sucede para bien de los que aman a Dios". (Rom. 8, 28)

la vida, en su voluntad(Sal. 29, 6)

Menester es conformarnos con la voluntad divina, no sólo en las cosas que recibimos directamente de Dios, como son las enfermedades, las desolaciones espirituales, la pérdida de hacienda o de parientes, sino también en las que proceden sólo mediatamente de Dios, que nos la envía por medio de los hombres, como la deshonra, desprecios, injusticias y toda suerte de persecuciones. Y adviértase que cuando se nos ofenda en nuestra honra y se nos dañe en nuestra hacienda, no quiere Dios el pecado de quien nos ofende o daña, pero sí la humillación o pobreza que de ello nos resulta.


Cierto es, pues, que cuanto sucede, todo acaece por la divina voluntad. Yo soy el Señor que formó la luz y las tinieblas, y hago la paz y creo la desdicha (Is. 45, 7). Y en el Eclesiástico leemos: “Los bienes y los males, la vida y la muerte vienen de Dios”. Todo, en suma, de Dios procede, así los bienes como los males.


Llámanse males ciertos accidentes, porque nosotros les damos ese nombre, y en males los convertimos, pues si los aceptásemos como es debido, resignándonos en manos de Dios, serían para nosotros, no males, sino bienes. Las joyas que más resplandecen y avaloran la corona de los Santos son las tribulaciones aceptadas por Dios, como venidas de su mano.


Cuando supo el santo Job que los sabeos le habían robado los bienes, no dijo: “El Señor me lo dio y los sabeos me lo quitaron”, sino "el Señor me los dio y el Señor me los quitó" (Jb. 1, 21). Y diciéndolo, bendecía a Dios, porque sabía que todo sucede por la divina voluntad (Jb. 1, 21).
Los santos mártires Epicteto y Atón, atormentados con garfios de hierro y hachas encendidas, exclamaban: Señor, hágase en nosotros tu santa voluntad, y al morir, éstas fueron sus últimas palabras: “¡Bendito seas, oh Eterno Dios, porque nos diste la gracia de que en nosotros se cumpliera tu voluntad santísima!”.


Refiere Cesario (lib. 10, c. 6) que cierto monje, aunque no tenía vida más austera que los demás, hacía muchos milagros. Maravillado el abad, preguntóle qué devociones practicaba. Respondió el monje que él, sin duda, era más imperfecto que sus hermanos, pero que ponía especial cuidado en conformarse siempre y en todas las cosas con la divina voluntad. “Y aquel daño –replicó el abad– que el enemigo hizo en nuestras tierras, ¿no os causó pena alguna?” “¡Oh Padre! –dijo el monje–, antes doy gracias a Dios, que todo lo hace o permite para nuestro bien”, respuesta que descubrió al abad la gran santidad de aquel buen religioso.


Lo mismo debemos nosotros hacer cuando nos sucedan cosas adversas: recibámoslas todas de la mano de Dios, no sólo con paciencia, sino con alegría, imitando a los Apóstoles, que se complacían en ser maltratados por amor de Cristo. Salieron gozosos de delante del Concilio, porque habían sido hallados dignos de sufrir afrentas por el nombre de Jesús (Hch. 5, 41). Pues ¿qué mayor contento puede haber que sufrir alguna cruz y saber que abrazándola complacemos a Dios?...

Si queremos vivir en continua paz, procuremos unirnos a la voluntad divina y decir siempre en todo lo que nos acaezca: “Señor, si así te agrada, hágase así” (Mt. 11, 26). A este fin debemos encaminar todas nuestras meditaciones, comuniones, oración y visitas al Señor Sacramentado, rogando continuamente a Dios que nos conceda esa preciosa conformidad con su voluntad divina.

Y ofrezcámonos siempre a Él, diciendo: Vedme aquí, Dios mío; haced de mí lo que os agrade... Santa Teresa se ofrecía al Señor más de cincuenta veces diariamente, a fin de que dispusiese de ella como quisiera.


Autor: San Alfonso María de Ligorio Libro: PREPARACION PARA LA MUERTE
CONSIDERACIÓN 36,


3 comentarios:

  1. miércoles de Ceniza, inicio de la Cuaresma

    Oración del Justo Juez
    (con licencia eclesiástica)

    Oh Divino Justo Juez,
    A quien adoro rendido,
    Hoy postrado aquí a tus pies
    el perdón, Señor, te pido.

    Justo Juez esclarecido
    Protector Universal
    A tí te pido rendido
    Me libres de todo mal.

    En peligroso lugar
    Quita el mal pensamiento
    A todos los que de intento
    Me quieran asesinar.

    Y si algún hombre criminal
    Piensa quitarme la vida
    En vereda o en camino real,
    Tú, Señor, serás mi égida.

    Que me valga esta oración,
    Cristo mío crucificado,
    Y la llaga de tu costado
    Será mi dulce habitación.

    Tan sólo con implorar
    Tu Santo Nombre glorioso
    Haz que salga victorioso
    Del que me quiera robar.

    ¡Oh Santísimo Sacramento!
    De enemigos y salteadores
    De bandidos y malhechores
    Líbrame en todo momento.

    Y tú, Virgen Sagrada María
    Te pido de Corazón
    Que en mi última agonía
    Me prestes tu protección.

    ¡Oh Sacratísima Cruz,
    De la gran ciudad de Sión!
    Te ofrezco esta oración
    Diciendote: Amén Jesús.

    El que esta oración rezase los siete viernes de Cuaresma, saldrá su alma limpia y pura, como la luz de la estrella, muchos mis contrarios que me siguen día con día, Virgen Sagrada mía, ruégale a mi Dios querido que yo no sea perseguido: de cárcel y de prisiones, de incrédulos y de aflicciones, líbrame a cada momento, de enredos y de malas cuentas, que puedan perjudicarme.

    Nuestro Smo. Padre manda extender esta oración, que esta sacada del Santo Sepulcro de nuestro Señor Jesucristo en la Santa Ciudad de Jerusalén, suplicando a: hombres, niños y mujeres, la carguen sobre su pecho aunque no sepan leer y serán libertados: de prisiones, de malas lenguas y de hombres asesinos.
    Las personas que carguen esta oración serán libertados de cualquier peligro en que se vean diciendo:

    ¡Oh Jesús Sacramentado! enemigos veo venir, la Sangre de tu Costado, de ellos me ha de cubrir.

    Con estas palabras se libertó N.S.P. León XIII, de ser asesinado en el mismo Vaticano.

    Padre mío, al acostarme tu me velas en la cama, te pido con amor tu perdón y que mi alma recibas una vez tu lo decidas. Te pido que sea librada: de heridas, de salteadores, de todos los malhechores.

    Líbrame de noche y día, Virgen Sagrada Mía, te ofrezco toda mi vida.

    Santísimo Sacramento alúmbrame con Tu luz.

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  2. Hola he encontrado este blog en católicos y aprovecho para saludarle atentamente,reciba mi cordial saludo.

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  3. Saludos Mariana
    Muchos saludos Martìn,
    gracias por sus comentarios.
    Dios les bendiga!

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