20 febrero 2007

¿Donde estará tu alma?

Entra a tu corazón, católico lector, y piensa quién eres, de dónde vienes, cuál es tu misión en la tierra y hacia donde caminas...

Piensa seriamente en que las actuales costumbres sociales, en las que predominan la soberbia de la vida y las concupiscencias de los ojos y la carne, son propias más bien de los paganos, cuyo dios es el placer.

Despierta del letargo en que te ha sumergido el ambiente en que respiras. Acuérdate de la grandeza de tu alma, de tu origen y de tu eterno destino... Acuérdate del Dios de la misericordia que por amor a ti se hizo hombre, padeció lo indecible y murió penosamente en la cruz...

Entra al santuario de tu conciencia y allí habla a solas con tu Cristo; pídele que te instruya en tus deberes y ofrécele la reforma de tu vida para que asegures la salvación.

Recuerda lo que se ha hecho en la muerte de tus familiares y amigos, y así se hará en la tuya. Entran los vivos en la escena del mundo a representar su papel y a recoger la herencia y a ocupar el puesto de los que mueren; pero el aprecio y el recuerdo de estos dura más bien poco.



Los primeros días los familiares se afligen, pero pronto se consuelan por la herencia que han obtenido y poco después parece como si su muerte les produjera regocijo. En aquella misma casa donde hayas exhalado el último suspiro y donde Dios te habrá juzgado, pronto se celebrarán como antes, banquetes y juegos, bailes y fiestas….Y tu alma, ¿Dónde estará entonces?

Fuente: Prologo del libro "La Reforma de la vida a los pies de Cristo Maestro" Mons. Sepulveda, reflexión del libro "Preparación para la muerte y la eternidad" San Alfonso Ma. Ligorio.

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