27 abril 2006

La tristeza mala y la tristeza buena

San Pablo dice que hay dos tristezas: "la tristeza según Dios, produce arrepentimiento y lleva a la salvación. Pero la tristeza según el mundo, produce la muerte." (2 Cor. 7,10)

San Francisco de Sales en su formidable libro "Introducción a la vida devota" o Filotea, trae un capítulo impresionante acerca de la tristeza dice así:
"La tristeza produce más efectos dañosos que efectos provechosos. Por eso el libro Santo recomienda: Tienes que alejar de tí la tristeza porque la tristeza perdió a mucho, y en ella no hay utilidad." (Ecl. 30, 23)

El enemigo del alma quiere que seamos tristes como lo es él, y se sirve de la tristeza para desanimarnos y hacernos mucho mal.
La tristeza es como un invierno helado para las plantas: mata toda señal de vida. Apaga el gusto por la oración: disminuye las fuerzas del alma y no la deja crecer en santidad.

Es necesario no dejar de hacer el bien, aunque nos vengan muchas tristezas. Si el enemigo del alma ve que no nos desanimamos, ni dejamos de hacer el bien a pesar de tanta tristeza como nos trae, entonces dejará de traerla.

Y si la tristeza persiste en acompañarnos, dediquemonos a hacer obras externas, que ellas alejan el pensamiento del objeto que hace entristecer. Entonemos cantos espirituales. Besemos el crucifijo. Levantemos los ojos al cielo o las manos. Busquemos el trato con personas espirituales, etc. La experiencia ha demostrado que estas acciones externas alejan mucho la tristeza (Filotea L. 4 Cap. 12)

Las consecuencias de la tristeza

San Francisco enumera las consecuencias de la tristeza y dice que de ella se derivan dos consecuencias buenas y seis malas.
Que las buenas son: aprender a tener misericordia con los entristecidos. Y luego con el sufrimiento que la tristeza produce, hacer penitencia por los pecados.
Pero que las seis malas consecuencias son:
la angustia, la pereza, la indignación, la envidia, el desánimo, y la falta de perseverancia en el bien.

Fuente: "El arte de aprovechar nuestras faltas" Autor: J. Tissot y E. Sálesman

2 comentarios:

  1. Buenas, gracias por compartir estas cosas.

    Yo quisiera hacer un aporte.

    Esto está bien mientras no neguemos que podemos estar tristes. Porque si no está el riesgo de caer en el "está todo bien". No es tanto no estar triste sino sobreponerse a la tristeza. Jesús estuvo triste también.

    “Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú”. (Marcos 14, 34-35)

    Saludos.

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  2. Tienes mucha razón Juan Ignacio, también tenemos derecho de estar tristes pero pienso que a lo que se refiere este artículo es a no quedarnos siempre en la tristeza, ni que se prolonge por demasiado tiempo.
    Saludos
    Gracias por visitar mi blog.

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