13 abril 2006

Jueves Santo

Diario de Santa Faustina Kowalska

Jueves Santo 1937
"Vivi junto con Él toda clase de tormentos de modos singular. El mundo no conoce todavía todo lo que Jesús ha sufrido. (15) Le hice compañía en el Huerto de los Olivos y en la oscuridad del calabozo, en los interrogatorios de los tribunales, estuve con Él en cada etapa de Su Pasión; no se ha escapado a mi atención ni un solo movimiento, ni una sola mirada Suya, conocí toda la omnipotencia de Su amor y de Su misericordia hacia las almas". (Diario 1054)

Jueves Santo 1938
Durante la Santa Misa se presentó Jesús y me dijo: "Mira Mi Corazón lleno de amor y de misericordia que tengo por los hombres y especialmente por los pecadores. Mira y medita sobre Mi Pasión". (Diario 1663)

Durante la adoración Jesús me dijo: Hija Mía, has de saber que tu amor vivo y tu compasión que tienes de Mí, Me fueron un consuelo en el Huerto de los Olivos. (Diario 1664) Por la noche, durante la Hora Santa oí estas palabras: "Ves Mi misericordia por los pecadores que ahora se manifiesta en todo su poder. Mira lo poco que has escrito de ella, es a apenas una gota. Haz lo que esté en tu poder para que los pecadores conozcan Mi bondad". (Diario 1665)


Reveladas a Santa Brígida de Suecia.
Persignarse, hacer la oración al Espíritu Santo,
rezar un Padre Nuestro y un Ave María

1a Meditación sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

¡Oh Jesús mío! ¡Oh eterna dulzura para los que te amamos! ¡Oh gozo supremo que supera todo gozo y deseo! ¡Oh salvación y esperanza de nosotros, viles pecadores! Infinitas pruebas nos has dado de que tu mayor deseo es estar siempre con nosotros; y fue este sublime deseo, ¡Oh bendito amor! el que te llevó a asumir la naturaleza humana. Oh Verbo encarnado, recuerda aquella Santa Pasión que abrazaste por nosotros, y para cumplir con el divino plan de reconciliación de Dios con su criatura.

Recuerda, Señor, tu última cena, cuando rodeado de tus discípulos, y después de haberles lavado los pies, les diste tu precioso cuerpo y sangre. Recuerda también cuando tuviste que consolarlos al anunciarles tu próxima Pasión.

Es en el Huerto de los Olivos, Oh Señor, donde se escenificaron los peores momentos de tu Sagrada Pasión: porque fuiste invadido por la más infinita de las tristezas y por la más dolorosa de las amarguras, y que te llevaron a exclamar todo lleno de horror y de angustia: "¡Mi alma esta triste hasta la muerte! . . .

Tres horas duró tu agonía en aquel jardín; y todo el miedo, angustia y dolor que padeciste allí, ¡fueron tan grandes! que te causó sudar sangre copiosamente. Aquello escapaba toda descripción, hasta tal punto que sufriste más allí que en el resto de tu Pasión, porque ante tus divinos ojos desfilaron aquellas terribles visiones de los pecados que se cometieron desde Adán y Eva hasta aquellos mismos instantes. Además de los pecados que se estaban cometiendo en aquellos momentos por toda la faz de la tierra, y los que se cometerían en el futuro, ¡siglos enteros! ¡Hasta la consumación de los tiempos!

Pero, ¡Oh amor que todo lo vence! A pesar de tu temor humano, así contestaste a tu Padre:
"¡No se haga mi voluntad, sino la Tuya!"
E inmediatamente, tu Padre envió aquel precioso Ángel para confortarte.

Tres veces oraste, y al final llegó tu discípulo traidor, Judas. ¡Cuánto te dolió aquello!
Fuiste arrestado por el pueblo de aquella nación que Tú mismo habías escogido y exaltado. Tres jueces te juzgaron, falsos testigos te acusaron, cometiendo la humanidad el acto más injusto de su historia: ¡condenando a muerte a su Autor y Redentor! ¡A aquél que venía a regalarnos la vida eterna! Te despojaron de tus vestiduras y te cubrieron los ojos e inmediatamente aquellos soldados romanos comenzaron a abofetearte, y llenarte de escupitajos, y golpes llovieron contra tu delicado cuerpo. Y te retaban a que les dijeras quién era el que te lo hacia.

De repente, aquella corona de espinas te la incrustaron en la cabeza mutilándotela de mala manera, ¡rompiendo carne, venas y nervios! Para completar la mofa a tu condición de Rey, te dieron como cetro una vulgar caña que colocaron en tus sagradas manos.

Oh, sublime enamorado de nuestras almas, recuerda también cuando te ataron a la columna. ¡Cómo te flageló aquella gente! No quedó lugar alguno en tu maravilloso cuerpo que no quedara destrozado bajo los golpes de los látigos. Otro cuerpo humano hubiese muerto con menos golpes. La escena era terrible: ¡huesos y costillas podían verse! ¡cuánta furia desatada contra el Hijo de Dios!

Oh Jesús mío, en memoria de aquellos crueles tormentos que padeciste por mí antes de la crucifixión, concédeme antes de morir, un verdadero arrepentimiento de mis pecados, que pueda satisfacer plenamente por ellos, que haga una santa confesión, que te reciba bajo el velo eucarístico, y así alimentada mi alma, vuele yo hacia Ti. Así sea.
(Se concluye con el Gloria)

2 comentarios:

  1. Tienes un blog muy bonito y admirado.... Es bello poder pasmar todo el sentimiento real que nos brinda la única y eterna verdad.
    Te felicito.

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  2. El mensaje de Sor Faustina nos invita alegrarnos por el gran amor de Dios por nosotros y, al mismo tiempo, preocuparnos por la salvación de cada persona. Si jesús nos amó tanto no podemos quedarnos de brazos cruzados: debemos ser misioneros con nuestras palabras, con nuestro ejemplo, con nuestra oración, con el ofrecimiento de todo lo que nos cuesta o, de alguna manera, nos hace sufrir.
    Katty

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