04 marzo 2006

La mortificación de los sentidos

Del libro: "Si quieres venirte conmigo" escrito por San Alfonso Ma de Ligorio.

<< Ángeles o bestias
Sin poderlo remediar, los pobres hijos de Adán tenemos que estar en continua guerra hasta la muerte, pues la carne se inclina a lo contrario que el espiritu, y el espiritú a lo contrario que la carne. (Gal. 5,7) Pues si es propio de los brutos atender a la satisfacción de los sentidos, y propio de los ángeles atender a la voluntad divina, con razón dice un autor que si nosotros atendemos también a hacer la voluntad de Dios, nos convertiremos en ángeles, y si nos damos a satisfacer los sentidos, nos convertiremos en brutos.

O ponemos el cuerpo bajo el poder del alma, o quedará el alma bajo los pies del cuerpo. A nuestro cuerpo es necesario tratarlo como trata un domador a un caballo salvaje: tirándole siempre de la rienda, para que no lo desarzone, o como trata un médico a un enfermo, al cual le prescribe lo que le repugna, que son las medicinas, y le prohíbe lo que más le apetece, que son los manjares y las bebidas.
De seguro que un médico que rehusara recetar medicinas porque son amargas, y permitiera al enfermo lo que le daña porque es agradable, sería cruel. Pues esa es la gran crueldad que los sensuales tienen con su alma, a la que ponen en gran peligro de ruina, por no hacer sufrir un poco al cuerpo en esta vida, y el mismo cuerpo se pone en riesgo de sufrir, junto con el alma, tormentos muchos más horribles durante la eternidad.

Esta falsa caridad – escribe San Bernardo – destruye la caridad; esa compasión rebosa crueldad, porque se sirve al cuerpo de tal modo, que el alma queda estrangulada.”

Y el mismo santo hablando a hombres carnales que se burlan de los siervos de Dios que mortifican su cuerpo, les dice: “Seremos nosotros crueles castigando la carne; pero vosotros, perdonándola, sois más crueles.” Nosotros somos crueles castigando el cuerpo con penitencias; pero más crueles sois vosotros saciándolo de regalos en esta vida, porque asi lo condenáis, junto con el alma, a tormentos muchos mayores en la eternidad.

Muy sabia fue, según esto, la respuesta de aquel buen solitario de que habla el padre Rodríguez; maceraba tan extraordinariamente su cuerpo, que alguno le preguntó por qué lo castigaba tanto, y él respondió: “Atormento a quien me atormenta” y me quiera dar muerte.

“Que deje la carne de molestarme (queriendo hacer su voluntad) y dejaré yo de mortificarla.”>>
Que "extraño" le sonara este discurso a tantas personas que viven materializadas y se olvidan de que tienen alma. De que algún día, tarde o temprano, deberán rendir cuentas de lo que hicieron con su vida.

3 comentarios:

  1. Claro q no hay mucho q decir pues es un lenguaje divino,y que si no crees en otra vida no tomas en cuenta estos mandatos que hacen mas lijero el camino, despojarse del pecado, ser justo(tener temor de Dios), sin egoismos, buscar la santidad....locura q el mundo no quiere reconocer.....Dios los bendiga..

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  2. Así es Juan Perez, muchas gracias por tu comentario.
    Saludos
    Dios te bendiga

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  3. Anónimo2:03 p.m.

    Ciertamente, al practicar la mortificacion, el ayuno y/o la abstinencia, estamos entrenando para las batallas que nos esperan. Cuando le negamos al cuerpo las cosas licitas que nos agradan y apetecen, fortalecemos nuestra voluntad para decir NO cuando se presenta la tentacion. Mientras mayor sea el esfuerzo que estas practicas requieran de nosotros, mejor preparados estaremos para vencer las mas fuertes tentaciones.

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