14 marzo 2006

En los momentos dificiles, dice Jesús: “Llámame!”


¿Van mal las cosas? Hay días en la vida en los que pensamos que no podemos seguir adelante. Una cosa después de otra nos hace sentir abrumados. Las preocupaciones y los problemas, las injusticias y las desavenencias inundan nuestra vida y una niebla de tristeza nubla la luz del sol de Dios.

Casi olvidamos que el sol está ahí todavía, que las nubes pasarán y el sol brillará tan radiante como siempre. Estos son los días que dan prueba al alma. Son tristes y problemáticos y muestran la materia de la que estamos hechos, ya seamos cobardes vagabundos o héroes de Dios.


Cuando vivimos momentos difíciles, ¡cuánto debemos suplicar ayuda al Señor, quien con sublime valentía enfrentó lo peor de la vida, terminando en una cruel y vergonzosa muerte en la cruz como un criminal; y Él era el Divino, el Todo Santo, quien sufrió todo esto por nosotros!


Podemos vivir a través de cualquier experiencia dolorosa, a través de los juicios más amargos e inmerecidos, si constantemente llamamos a Dios en nuestros corazones: “¡Inclínate, oh Dios, ven en mi ayuda! ¡Oh Señor, date prisa en socorrerme! ¡Aparta de mí esta copa!


Cuéntale a Dios todo acerca de tus problemas, como se lo contabas a tus papás cuando eras niño. No necesitas frases rebuscadas, solo una buena fe. Con sinceridad dirige tus súplicas al Padre Celestial, Él es la “fortaleza en el día de la aflicción” ¿Qué padre puede resistir a la llamada de auxilio de un hijo? ¿No son los padres como cera en las manos de sus hijos, excepto cuando la petición daña al niño? ¿No nos impresiona que Dios sea nuestro Padre?


Leemos: “Yo seré un Padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos e hijas” (2 Cor 6,18). Nos dice también: “No temas pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino” (Lc 12,32). Incluso va más allá; conociendo el gran amor de la madre que nos concibió, Él dijo: “así como una madre te conforta, te confortaré Yo.(Is 66,13) "Pero, ¿puede una mujer olvidarse del niño que cría, o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque alguna lo olvidase, yo nunca me olvidaría de ti." (Is 49,15). Muchas veces nos llama “sus hijos pequeños,” y nos dice que lo llamemos “Padre nuestro”. Y Él , que es sincero, promete oír nuestro llanto si necesitamos de su ayuda y se la pedimos, Dios siempre escucha nuestras súplicas; “Llamarán y el Señor les responderá: Aquí estoy (Isaías 58,8)


El nos promete que lo que pidamos con fe lo recibiremos. Claro con la condición de que lo que pidamos no nos dañe. Deberíamos sentirnos preocupados si Dios, todo indulgente, nos diera todo lo que le pedimos, aun cuando nos dañara. ¿Qué padre da a su hijo una navaja para jugar, no importando cuanto llore el niño por el brillo de la hoja filosa? Para las personas inteligentes es un motivo más para confiar en Dios. Él sabe lo que es bueno para mí y para todo el mundo.

Él sabe como van a ser las cosas y no me dará algo si me va a causar daño. Dios que conoce el futuro hará lo que considere conveniente. ¡Qué consolación; cómo suaviza lo negativo! Puede ser que yo no alcance esa posición, esa casa, ese amigo, ese dinero o que no entienda esta prueba, ese cambio de conducta en un hijo querido o en una esposa o en un pariente. Pero sí puedo descansar sabiendo que esto sucede para mi último bien.

Aquél que tiene el poder para conceder mi petición me ama ardiente y sabiamente. Él sabe lo que deparará el futuro, hasta el más pequeño detalle, y puede hacer que todas las cosas le obedezcan. Y porque Él me ama sabiamente y escucha mi petición, hará todo de la mejor manera para mi felicidad. Lo único que tengo que hacer es decir con sinceridad lo siguiente: “Que se haga Tu voluntad y no la mía”.


Supongamos que un ser querido mío bebe demasiado y está haciendo la vida miserable para todos. Y yo pido a Dios que deje de beber. Dios aparentemente es sordo a mi llanto. ¡Al contrario! El Señor nunca ignora el llanto angustioso de Sus hijos. Nunca tendrá el corazón para verme sufrir y darse la vuelta indiferente. Lo ofendería si yo pensara eso. Pero puede ser que este no sea el momento de la sanación. Él puede ver que esperando un poco el pecador se dará cuenta de su pecado y se arrepentirá. Un poco más de paciencia con él y su consciencia recibirá tal impacto que habrá un cambio total y permanente.


Dios ha dicho sí a mi ruego; ha tenido en cuenta mi súplica por la mejora de la persona, una mejora que no solamente ha sido transitoria.


Yo no puedo ver todos los lados de algo;
Dios sí.
Yo no puedo
ver el futuro;
Dios sí.
Yo no puedo reforzar la voluntad débil del
ofensor;
Dios sí.
Yo no puedo abrir los ojos del que hace mal aunque el
Señor sabe que lo intento;
Dios sí puede hacerlo y lo puede hacer en el
mejor momento y de la mejor manera.
Dios siempre sabe lo que es mejor y lo
hace

.


Un mundo de consolación se encuentra en estas palabras para todo mortal. Dios hará lo que es mejor cuando yo recurra a Él para mostrarle mi problema.


Es más, ¿he pedido la ayuda de la Madre de Dios, la mejor defensora y abogada que yo podría tener? Ella sabe qué palabras, qué argumentos usar al hablar en mi nombre. Ella conoce a fondo el Corazón de su Hijo, ya que tuvo 33 años de experiencia como Su Madre, y tiene siglos de experiencia como nuestra abogada ante Él. ¿Quién podría defender mejor mi causa?

Y si después de todo mi petición no se concede, espero no ser tan tonto(a) como para quejarme, preocuparme, estar ansioso, temer o dudar. Todo va maravillosamente y mi causa va adelante, triunfante, sólo que yo todavía no lo veo porque Cristo y Su Madre lo esconden todavía por un rato para mí. Ellos no susurran en mi oído: “¡La causa está ganada!” Quieren que yo muestre mas fe, que confíe más, que tenga más seguridad y más paciencia. Dios puede hacer que mi paciencia sea una fuente de apoyo para alguien que esté soportando una prueba similar o peor a la mía.


Cuando el día es oscuro y la niebla espesa, recordaré que el sol de Dios reaparecerá y volverá a brillar en toda Su gloria. El alivio para mi dolor vendrá algún día, en alguna parte. Dios tiene Su mano en el volante de mi auto, Su pie en el freno, Sus ojos vigilando a mi alrededor. Él no permitirá el mal. El está buscando mi felicidad permanente y mi bien.

Quizá el alivio no aparezca todavía, pero está en el horizonte y le daré la bienvenida cuando aparezca. Quiero poner toda mi confianza en Él, mi Padre, y en Ella, mi Madre, quien tiene todo un amor materno para mí; Ella sabe que su Hijo me ama y que murió para salvarme, sabe que soy un miembro de la familia. Si yo los amo, el Señor y la Virgen Santísima estarán de pie junto a mí, uno a cada lado de mí, uniéndose a lo largo de mi vida, guiándome, protegiéndome y apoyándome. ¿Qué mal podría ocurrirme?

Nosotros, que podemos ver y leer las maravillas de este tiempo en la historia, no tenemos la menor duda de esto. Sentimos y sabemos que ellos están a nuestro lado. Y si el dolor y la preocupación ya han entrado en su vida, ellos usarán Su mano para refrenarnos y guardarnos de todos los efectos dañinos. Ellos cuidarán que la aflicción no sea mayor a mis fuerzas y que nunca sea más pesada de lo que puedo soportar.


¡Valor entonces en los días oscuros! Muestra que Dios es tu apoyo, y que las nubes pasan. Cuenta tus bendiciones ; cada uno de nosotros tiene muchas. Piensa; “Dios es mi amigo. ¿A quién temeré? A nadie. Él no permitirá que nada ni nadie me haga daño.”

Qué complacido estaría el Señor si yo dijera:


Confío en Ti Señor, en todo, a pesar de todo y por siempre. Sólo sosténme, fortaléceme para que en todo haga Tu voluntad y yo sea Tu niño(a) querido(a). Señor, a menudo es tan duro vivir, soportar sin decir nada la insinceridad, los egoísmos, los engaños y las injusticias de la vida. Hazme fuerte. Me siento lejano y demasiado sensible. Hazme indiferente a todo menos a Ti. Acepto Tus planes para mí. Yo sé que el amor los inspira, y porque yo Te amo, acepto de Tu mano todo lo que permites para mí. Quédate conmigo, Señor, y aparta de mí esta copa, pero que no se haga mi voluntad sino la Tuya"

¡ Oh Cristo Santo, Oh Señor de la Luz,
Socórreme ahora en mi aflicción!
¡Oh Cristo Santo, ven rápidamente!
¡Oh Cristo Santo, ahora y en
esta hora protéjeme y sé mi fuerza!




Por: Mary Beattie, Marians of the Inmaculate Conception http://www.marian.org/
Imprimatur:Rosendo Huesca P. Arzobispo de Puebla. México. 1999

5 comentarios:

  1. Hey como estás, es interesante saber de una católica con un blog católico, pues estaremos en contacto, ahí a ver si luego conversamos porque al menos de lo que puedo ver en tu blog eres muy conocedora.

    Ahí pues mi blog tiene de todo un poco, futbol sobre todo, cosas que pienso y luego algunas cosas católicas.

    Saludos y espero que te encuentres muy bien.

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  2. Hola Angel, muchas gracias por visitar mi blog, y no, no creo ser muy conocedora, solo trato de estudiar la religion.
    Muchos saludos y que te vaya bien en todo.

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    1. Anónimo1:56 p.m.

      Gracias por tan maravillosas palabras. En este momento difícil que estoy pasando, tus palabras han iluminado mi día.
      Muchas Gracias!

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  3. Anónimo9:39 a.m.

    Dios tiene sus tiempos... Mientras tanto nos permite coincidir en los días de prueba con apoyos para sostenernos mientras todo pasa. Este texto me llega en el momento preciso, cuando no puedo más y siento rebeldía por sentirme abandonada de Dios. Así son las bendiciones, los ángeles virtuales que nos envía para resistir otro poco más. Felicidades por este texto tan maravilloso.

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  4. Me alegro mucho que le haya ayudado este texto, a mí tambien en su momento me ayudó mucho por eso lo subí para otras personas. Dios le bendiga y ayude. Esta en mis oraciones

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