20 marzo 2006

Algo que es muy agradable a Dios

La guerra que tenemos que sostener para llegar a la santidad es la más dificil de todas las guerras, porque tenemos qué luchar contra nosotros mismos, o como dice San Pablo: "tenemos que luchar contra las malas inclinaciones de nuestro cuerpo que combaten contra el alma" (1 Pedro. 2,11)

Pero precisamente porque el combate es más dificil y más prolongado, por eso mismo la victoria que se alcanza es mucho más agradable a Dios y más gloriosa para quien logre vencer; porque "Quien se domina a sí mismo, vale más que quien domina una ciudad" (Prov. 16,32)

Lograr dominar las propias pasiones, refrenar las malas inclinaciones, reprimir los malos deseos y malos movimientos que nos asaltan, es una obra que puede resultar ante Dios más agradable que si ejecutaramos obras brillantes que nos dieran fama y popularidad. Y por el contrario, pudiera suceder que aunque hicieramos muchas obras externas admirables ante la gente, en cambio ante Dios no seamos agradables porque aceptamos en nuestro corazón seguir las malas inclinaciones de nuestra naturaleza y nos dejamos llevar y dominar por las pasiones desordenadas.

Por eso debemos tener cuidado no sea que nos contentemos con dedicarnos a hacer obras que ante los demás nos consiguen fama y prestigio y mientras tanto dejemos que los sentidos se vayan hacia el mal, la sensualidad nos domine y las malas costumbres se apoderen de nuestro modo de obrar. Sería una equivocación fatal.


Autor: P. Lorenzo Scúpoli / Libro: El Combate espiritual.

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