04 diciembre 2006

Primera Enseñanza: eliminar la preocupación

Para orar primero debes preparar tu corazón, eliminando los dos mayores obstaculos para orar: el pecado y la preocupación.


B) Preocupación.
Primero de todo, usted no puede preocuparse por dos cosas al mismo tiempo. Si la botella está llena de vinagre, primeramente tendrá que vaciarla totalmente antes de poder llenarla con miel.

Es molesto notar que cuando usted le está hablando a alguien, esa persona no le está prestando la debida atención. Cuando esto sucede, generalmente uno para de hablar. Se recordará cuando éramos niños en la escuela, si no le prestabamos atención, inmediatamente dejaba de enseñar en la clase.

Usted no puede orar y estar preocupado al mismo tiempo. Si un estudiante esta excesivamente preocupado por sus examenes, esa preocupación le impedirá estudiar efectivamente para tomar su examen. Lo mismo sucede con la oración, la preocupación invade nuestra alma.

La preocupación es el temor hacia el futuro – hacia un mal inminente. El futuro pertenece a Dios. El colocó un aviso ahí, que dice: “No pase”. Cuando usted pasa ese límite hacia el futuro, el castigo o multa por haberlo hecho es la preocupación. Alguien dijo por ahí: “Si quieres mirar la tristeza, mira hacia el pasado; si quieres mirar la preocupación, mira hacia el futuro; y si quieres mirar la Fé, mira hacia arriba.!”

Lo que nos esta aconsejando la Virgen María es que para quitarnos de encima la preocupación, tendremos que mirar hacia arriba, hacia Dios. El pasaje bíblico que ella nos esta pidiendo que meditemos una y otra vez, hasta el cansancio es el de Mateo 6,24-34. Tus preocupaciones, tus problemas no deben significar para ti más de lo que Dios mismo significa para ti. Si estas lleno de preocupaciones, estarás cerrado a Dios. Pon primero a Dios y podrás controlar tus problemas. Es tan simple como eso.

Nuestro Señor mismo ha dicho: “Vengan a mí los que se sientan cargados y agobiados, porque yo los aliviaré.” (Mateo 11, 28)
En su ultima charla a sus discipulos, Jesús les dijo: “No se turben, ustedes confían en Dios, confíen tambien en mí” (Juan 14,1)

Un poeta desconocido cómo uno puede (librarse de la preocupación), en su poema “El tejedor”:


"Mi vida no es un tejer y tejer entre mi Señor y yo;
yo no puedo escoger los colores, El lo hace firmemente.
Muchas veces Él teje tristezas, y yo, en tonto orgullo,
olvido que Él mira desde arriba, mientras que yo lo hago desde abajo.


Y no será sino cuando el telar silencie, los vaivenes cesen de moverse,
cuando Dios desenrollará las lonas, y explicará el porqué de las cosas.
Los hilos oscuros son tan necesarios en las manos diestras del tejedor,
como lo son los hilos de oro y plata en el patron que Él preconcibio.

Él conoce, Él ama, Él cuida, Nada puede empañar esta verdad;
Él dá lo mejor que tiene a aquellos que dejan que Él haga su voluntad."


Por lo tanto María nos pide que nos abandonemos totalmente a Dios.

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